URIBE, EL GRAN TRIUNFADOR !!!!!
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URIBE, EL GRAN TRIUNFADOR !!!!!         

Group: soc.culture.honduras · Group Profile
Author: Petry
Date: Jul 3, 2008 21:07

Uribe, el gran triunfador
El presidente de Colombia emerge como el gran triunfador luego del
rescate de Ingrid Betancourt. A la hora precipitada del balance, se le
debe reconocer, a Uribe, el mérito de la obstinación. Por haberse
ajustado a los rigores de su propio plan de rescate.

CIUDAD DE BUENOS AIRES (JorgeAsísDigital). La soledad geopolítica
magnifica el éxito personal del Presidente Uribe. Emerge como el gran
triunfador, ante la significativa incomprensión de la mayor parte de
sus pares. Los mayoritarios distraídos de esa inflamación
ostentatoria, aún conocida como América Latina.
A la hora precipitada del balance, se le debe reconocer, a Uribe, el
mérito de la obstinación. Por haberse ajustado a los rigores de su
propio plan de rescate. Sin dejarse presionar por la súbita
conjunción de los humanitaristas desconcertados que participaron, como
instrumentos indirectos, de la estrategia del Presidente Chávez,
compartidas con las FARC. La organización narcoguerrillera que avanza,
implacablemente, hacia su definitoria aniquilación.
En algunos casos, hay que conceder que la diplomacia del subcontinente
lo dejó solo a Uribe, tan sólo, por inclaudicable desconocimiento.
Más que por la predisposición ideológica.
Puede percibirse, sin ir más lejos, en el amateurismo de la Argentina
más distraída. Con su política vinculada, hasta la dependencia,
hacia los vaivenes transitorios del marketing. A la estrategia - llamada
en el Portal- de la improvisación. Lo que debe irreparablemente
condenarse, en cambio, es la especulación hegemónica de un Chávez
que intentó presentarse como la alternativa para solución. Cuando
representaba, en realidad, el problema.
La cuestión que Chávez arrastró consigo a las torpezas infantiles
de Correa, que transformó parte del Ecuador en un santuario. Al
voluntarismo deprimentemente desgarrador de Evo Morales. Y al cinismo
franco de Daniel Ortega. A los Kirchner, apenas, puede reservárseles
la alternativa piadosa del desconocimiento. Que funciona como el
pretexto de la ignorancia, más grave que la mala fe. Y a Lula le cabe
la tarjeta amarilla de las amonestaciones. Por no haber ocupado, en
materia de merecimientos, en la grilla, el sitial que ocupó Bush.
A la hora egregia del balance, se le puede criticar, a los dirigentes
colombianos de tendencias melodramáticas, una excesiva
autoglorificación, con sobreactuaciones que se exportaban hacia los
televisores del mundo. Con explicaciones lícitas, pero demasiado
largas. Las imágenes, por si solas, bastaban para cautivar, y para
fomentar la admiración hacia los heroicos protagonistas del Operativo
Jaque. Los jefes militares, instigados por el presidente Uribe,
ofrecieron bastantes más detalles de los necesarios. Hasta casi
merodear el borde de la imprudencia, sobre todo cuando quedan varias
centenas de secuestrados a merced del conjunto de declinantes que
sienten el peso del cierre. El acoso de la historia. Entre ellos,
persiste un argentino, quien hasta hoy no conmovió lo suficiente como
para motivar los reclamos que superen la línea movilizadora del
marketing. No alcanza, el pobre, la trascendencia de la señora
Betancourt.
En definitiva, debe reverenciarse al pueblo colombiano. Y reconocerse la
jerarquía de estadista del Presidente Uribe, el máximo triunfador.
Con su ministro de Defensa, Santos, quien estimula explicables
ambiciones sucesorias. Y con los otros patriotas colombianos, civiles y
militares, que nunca debieran dejarse amilanar por los arrebatos
envolventes de la euforia. Como para concederle, a Uribe, a pesar de sus
atributos incuestionables, la excepcionalidad de una re/reelección. La
continuidad banalizaría el fantástico logro alcanzado. Uribe
podría lanzarse, hacia la aventura de la posteridad, con la certeza de
haber gerenciado la liquidación de las FARC. La narcoguerrilla que
había extendido, la trágica seducción, hacia los vecinos que se
comportaron, por lo menos, muy por debajo de la estatura de las
circunstancias.
A través del Operativo Jaque puede precipitarse una interpretación
que ilustra la realidad dirigencial del subcontinente, condenado a los
fervores tardíamente revolucionarios de los propagadores de fracasos.
Que casi abandonaron a Colombia, hasta convertirla en una isla
políticamente solitaria, estragada por el pecado imperdonable de
asumir cierta proximidad ideológica con los Estados Unidos. Desde
donde colaboraron, sustancialmente, para dotar, a los servicios de
inteligencia, de los instrumentos más sofisticados. Tuvo Colombia,
aparte, la fortuna de contar con el Presidente empecinado, que basó su
legitimidad en el propósito de aniquilación frontal de la guerrilla.
A la que de ningún modo estaba dispuesto a cortejar. Como lo
intentara, con excelentes intenciones, y con deplorables resultados, su
antecesor, el Presidente Pastrana. Quien alcanzó a reunirse, y como si
fuera un par, con Manuel Marulanda, alias Tirofijo. Una acción
falsamente consensual que sirvió para dotarle territorialidad al
enemigo. A la fuerza que aspiraba a conquistar, ante todo, el
trascendente rol de organización beligerante.
Precisamente la beligerancia fue el status que Chávez se comprometió
a conseguirle a Marulanda. A cambio del apoyo más siniestro que
carísimo. Sobre todo a partir de los éxitos militares que
permitieron el avance de las tropas nacionales. Del Estado de Colombia,
en una ofensiva que obligó, a la guerrilla legendaria, a ofrendar lo
único que ya disponía para negociar. A los rehenes, con la atractiva
cuestión humanitaria.
Turno del Plan Canje. Con la explotación de la "joya franco
colombiana", que instaba a las presiones fáciles de los marketineros
que pretendían, con un mero gesto, o con una boina, sacar chapa
previsible de humanitarios. Sin siquiera sospechar, en el mejor de los
casos, que se convertían en instrumentos de una estrategia ajena cuyos
riesgos no calculaban. La que compartía Chávez con las FARC, en una
alianza imperfecta, y con la complacencia ingenua de Correa y perversa
de Ortega. Y con la conmovedora torpeza espiritual de los dos Kirchner,
quienes se entregaron, conjuntamente, y con escuetas diferencias de
estilo, a las ceremonias coherentes de los papelones. Como el registrado
por La Elegida, en su improvisado monólogo inicial, cuando le
solicitó, a un amable Uribe, quien no podía responderle, que se
lanzara a las negociaciones de paz. Que era, exactamente, lo que tanto
las FARC, como Chávez, necesitaban. Uribe no podía aclararle a la
novel humanitarista que, con todo su derecho, había optado,
soberanamente, por un camino. El que, ayer se demostró, era acertado.
Kirchner, en cambio, aportó la indolencia de su magia para el
célebre papelón de Villavicencio. Cuando por desocupado decidió
hacer el bolo, como inerme extra, amateur de la diplomacia, para la peor
filmografía de Chávez. Y se fue a la selva, a buscar un Emanuel que
nunca podía aparecer. Porque las FARC no lo tenían. Sólo tenían
el camino signado hacia la derrota anunciada.
Dios guarde al presidente Alvaro Uribe
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