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Author: El Monsiour
Date: Oct 3, 2007 19:06

La migración: el rostro de la pobreza centroamericana

Madres de familia, hondureñas y nicaragüenses, radicadas en El
Salvador, mantienen la preocupación por las dificultades que padecen
sus hijos, en cuanto a educación y salud. Foto: Cortesía de Cáritas El
Salvador

Textos: Gloria Silvia Orellana
Redacción Diario Co Latino

Doña Sol, transita presurosa en la calle River Side, es indocumentada
y teme a las autoridades de migración que establecen retenes de
control de transeúntes, pero la manutención de sus hijos, la hace
desafiante.

"Algunos nos humillan y explotan, pero los dólares que ganamos nos
permiten sobrevivir" dijo, mientras cruza hacia la zona residencial
que divisa la ribera del río Grande de San Miguel.

"Países Expulsores", es la etiqueta que se ha adjudicado a varios
países de la región centroamericana debido a las pocas oportunidades
laborales y al inequitativo desarrollo económico y social de su
población; derivada de la aplicación de políticas neoliberales y la
corrupción gubernamental junto a grupos de poder.

La cifra de 700 migrantes salvadoreños que salen a diario del país, de
manera indocumentada, en busca del utópico "sueño americano" está
siendo reproducido por nicaragüenses y hondureños, quienes buscan sus
"remesas" en territorio nacional.

Doña Sol (nombre ficticio), es nicaragüense, de 44 años, originaria de
Chinandega, departamento occidental de Nicaragua. Se ha establecido en
el país desde 1994, empujada por la falta de empleo, salarios bajos y
carencia de oportunidades de desarrollo en su patria.

Entre su trabajo que la sobreclasifica a los empleos que desempeña,
escribe un libro sobre la migración nicaragüense y los obstáculos que
a lo largo ha encontrado ella y sus compatriotas.

"Tengo una hermana en Chinandega, que tiene tres empleos, para reunir
al final del mes un salario similar al mío, eso me ata a seguir
trabajando en este país (El Salvador), para ayudar a mi familia a
salir adelante".

Y así, acaricia planes para toda su familia, la oportunidad para
legalizar su estatus migratorio y montar junto a su esposo un pequeño
taller de enderezado y pintura en la zona oriental es su consigna..

"Mi esposo está en Miami, me ayuda con los gastos, pero los trabajos
allá están escaseando, las nuevas leyes migratorias lo dejan en una
situación de inseguridad, tiene mucho temor de salir a trabajar porque
sufren persecución... él regresará, porque no aguanta esa situación" .

Los migrantes al igual que los connacionales sufren la precariedad de
no contar con las prestaciones laborales y sociales, consignadas en la
ley salvadoreña.

Sólo algunos cientos de migrantes cuentan con un permiso temporal ya
sea por la zafra (cosecha de la caña de azúcar) y la corta del café,
por algunos meses al año. De lo contrario ninguno cuenta con un
permiso permanente.

"Muchos de esos empleos que tenemos ya no lo realizan los salvadoreños
porque se han ido a los Estados Unidos o porque sus familiares
radicados en Estados Unidos les mandan sus remesas, por eso ya no
tienen necesidad de hacerlo. Nosotros los podemos hacer pero queremos
vivir en paz y ser tratados como seres humanos" agregó.

Mientras, la invisibilidad del indocumentado y la discriminación se
extiende hacia los niños y adolescentes nicas, en el ámbito
académico.

Doña Alma (nombre ficticio) de 30 años de edad, madre de 2 niñas y su
niño nacido en el país, reiteró el "dolor" de madre por los
comentarios denigrantes por el color de piel o nacionalidad, por parte
de los maestros y directores de centros de estudio.

"Mi niña, una vez le señaló un error a su maestro en una operación
matemática y lejos de reconocerlo, la trató de negra ignorante y
siempre la marginó, pese a que tenía excelentes notas, por eso la
envíe de nuevo a Chinandega para que estudie; aún, mi niño que nació
aquí, es salvadoreño me lo amenazan sus mismos compañeritos".

La Escalada Migratoria
"La legalización es un proceso lento y costoso", reconoció Rosa Aminta
Flores, Coordinadora Diocesana de San Miguel, de Cáritas El Salvador,
quienes desarrollan un proyecto de sensibilización sobre las
condiciones de la migración indocumentada y la búsqueda de la
legalización, como símbolo del ministerio de la Iglesia Católica que
encierra la visión: pastoral, litúrgica y profética.

Flores explicó que en los años 70, el oriente del país fue expulsor de
migrantes, luego se convirtió en un punto estratégico de paso y desde
2001 en receptor de migrantes nicaragüenses y hondureños.

"Nosotros esperamos que al organizarse los migrantes, construyan una
red social para cuidarse, y así, trabajar para pedir la legalización
permanente en el país. Muchos tienen temor a la deportación, al costo
de las multas por infringir la ley migratoria, pero esperamos poder
contribuir a su legalización".

Y en ese marco de trabajo la Mesa Migración de Oriente, junto a las
comunidades de migrantes, esperan dar utilidad al "Memorándum de
Entendimiento" en este tema, firmado por los cancilleres de la
región.

La aplicación de residencia dependerá de tres áreas: el arraigo
familiar, educativo y laboral, para poder comprobar que estará aquí
definitivamente, ya que anteriormente se solicitaba con una acta de
matrimonio o partida de nacimiento.

El tiempo de la residencia se divide en: temporal de un año, hasta un
año y medio; la permanente de 2 a 5 años, posteriormente puede optar
por la ciudadanía.

Mientras, los costos de la documentación son el tema "borrascoso" en
este proceso, los honorarios de los notarios, la cancelación de multas
por infringir la ley migratoria, y el precio de autenticado de
documentos rebasa muchas veces los presupuestos de las familias, que
viven en la pobreza (proceso de legalización de una persona $400.00
dólares, aproximadamente).

Julio Buendía, Coordinador de Movilidad Humana, de Cáritas El
Salvador, citó la investigación que ha realizado el doctor Oscar René
Vargas, analista político nicaragüense, que estimó alrededor de 90 mil
de sus connacionales radicados a lo largo de El Salvador.

"La mayoría de trabajos que está realizando esta gente está en la
venta informal, hay muchos nicas que venden desde sus carretones, no
se quedan estacionarios... caminan por las calles de San Miguel, Santa
Rosa de Lima y de San Salvador. Son guardias de seguridad, mecánicos,
oficios domésticos y los que se encuentran en la zona agrícola se
llaman macheteros, todos en busca de un trabajo que les dignifique"
dijo Buendía.

Esta escalada de migraciones ha provocado el fenómeno de los "pueblos
fantasmas", muchos municipios de La Unión, San Miguel y Morazán están
poblados de personas de la tercera edad que cuidan a sus nietos,
mientras los jóvenes sólo están a la espera "del salto" al Norte.

"No es raro ver a finales de octubre a coyotes, poniéndose a las
órdenes de los muchachos, ellos no van a volver a la milpa. Y si
trabajaran aquí ningún patrono les va a dar una prestación social que
equipare a la remesa que le envía su familia. Ellos no vuelven a su
lugar de origen en esos términos" agregó.

Este esfuerzo por legalizar la migración indocumentada y crear
condiciones de desarrollo social y económico para nuestros
connacionales tiene su encuentro en el trabajo "que se construirá
desde la comunidad".

(Primera entrega)
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