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La triquiñuela de Marulanda y Chávez para tomar oxígeno y
reinventarse
05:10 AM 13 ENE 2008
Manuel Malaver compara en su columna de esta semana en "La Razón" a
Marulanda y Chávez con el "ciego y el cojo" de la fábula de
Tomás Iriarte. La liberación de Clara y Consuelo es, para él, "una
triquiñuela con la que dos caudillos marxistas buscaron de
reoxigenarse".
Foto: Reuters
Esta es su columna completa:
Marulanda liberando 2 de los 700 rehenes que tiene en cautiverio para
que así pueda Chávez decir que regresaron a sus casas por la
bendita y eficaz influencia que detenta ante el todopoderoso comandante
guerrillero; y Chávez pagándole a Marulanda con mucho más de lo
que esperaba al declarar ante la Asamblea Nacional "que las FARC no son
terroristas y debe reconocérseles, por tanto, el status de
beligerantes", es el resultado final de la triquiñuela con la que
dos caudillos marxistas buscaron de reoxigenarse, mientras ponían
contra la pared, e incluso, trataban de derrocar al gobierno de Álvaro
Uribe Vélez.
Nos referimos a la negociación a favor del "canje humanitario"
primero, y a la "Operación Emmanuel" después, marramucias
concatenadas y con una audaz solución continuidad que solo pudieron
ser abortadas porque Uribe tiene penetrados los altos mandos de las FARC
y supo en cada momento que medicina aplicarles a un aprendiz de brujo y
a un brujo octogenario que hicieron los ridículos de sus vidas.
Ahora reaparecen como el "ciego y el cojo" de la fábula de Tomás
Iriarte, tratando el primero de avanzar con la visión que le ofrece el
segundo, y este último prestando sus ojos a cambio de que el otro le
solucione su discapacidad motora.
Y así el espectáculo patético, desesperado y disforme de los dos
últimos stalinistas, maoístas y castristas de América latina y el
mundo occidental, empeñados, unas veces en amenazar con el paredón,
y otras con la complicidad que les profesan una sarta de ingenuos del
tipo Miguel Insulza y Nicolás Sarkozy, pero siempre decididos a
atropellar a gobiernos, organismos, instituciones e individuos"¦si es
que los dejan.
Y miren si lo necesitan" Marulanda ahora que después del fracaso de la
"Operación Emmanuel" dejó en evidencia que se trata de un asesino
en serie al frente de una banda de fascinerosos sin parangón en la
historia del crimen, sin respeto por ancianos, mujeres y niños y
presto a ordenar el fusilamiento, los atentados o la desaparición
forzosa de seres inocentes si se atraviesan en su desvarío de imponer
un proyecto tan veánico, como imposible; y Chávez, derrotado en
diciembre por una mayoría de venezolanos que votó contra su
propuesta de reforma constitucional, humillado sin piedad por el propio
Marulanda al hacerle creer que tenían en su poder al niño Emmanuel
siendo que sabía que estaba en manos del gobierno colombiano, y ahora
convertido en amanuense, súbdito, carga mochila y ventrílocuo del
viejo octogenario que lo usará con el mismo desprecio utilitario y
cruel que le aplicó Fidel Castro en su momento.
En otras palabras, que política de un capítulo que se le olvidó a
Gabriel García Márquez en el "Otoño del Patriarca" y, según
el cual, cuando los dictadores agostan y se colocan al borde de la
tumba, les salen "retoñitos" que no solo los imitan, sino que
tratan de sucederlos.
Ejemplo, este teniente coronel, Chávez, de Venezuela, seducido por
estas leyendas asesinas cuyas víctimas se cuenta por ciento de miles,
y se ceban en pueblos, ciudades, países y regiones que agonizan,
mientras sus verdugos prosperan, se enriquecen, envejecen y encuentran
tontos útiles que los adoran y constituyen en albaceas de sus legados.
Enemigos a muerte de la libertad y la democracia, del estado de derecho,
la pluralidad y la disidencia como que su reino es el abismo de un
sistema totalitario donde desaparecen el individuo, lo múltiple y los
derechos humanos.
Autoritarios, mesiánicos, demagogos, populistas, hambrientos de la
adoración y rendición de las masas, a la cual ofrecen restaurarles
derechos, ventajas y progreso, pero para engancharlas en una dinámica
donde se les promete cambiarles libertad por igualdad, pero para
arrebatarles libertad e igualdad.
Otra vez el caso de Chávez es un libro abierto, como el que regó sus
8 años de gobierno con todas las ofertas habidas y por haber, promesas
que iban desde rescatar a los más pobres de las condiciones en que mal
vivían en medio de los ingentes recursos de un estado prisionero de
los sectores y clases más poderosos, hasta restituirles los derechos
sociales cuya ausencia había resultado determinante para concluir
víctimas de la peor exclusión.
Pero también había urgentes problemas que atender en las áreas de
seguridad, servicios, vivienda, educación, salud, transporte,
infraestructura, y el correcto manejo de los dineros públicos que, de
no ser atendidos, era imposible que no condujera a un total colapso
histórico y humano.
Y hacia allá fue donde se dirigió Hugo Chávez, a la virtual
destrucción del país en circunstancias de que durante sus 8 años
de gobierno, Venezuela contó con los más ingentes recursos de su
historia, pero solo para proceder a dilapidarlos en aventuras
politiqueras que presuntamente le iban a permitir construir una alianza
internacional con la cual destruiría al imperialismo de los Estados
Unidos.
Lo que ha sucedido es que Chávez terminó financiando, de una parte
la ineficiencia de otros países, y de la otra, apoyando, tanto las
dictaduras de países como Cuba, Irán y Bielorrusia, como movimientos
políticos terroristas del corte de las FARC, Hamás y Hezbolá.
Razón de sobra para que el electorado venezolano termine arreglando
cuentas definitivas con Chávez en las elecciones para alcaldes y
gobernadores de agosto próximo, o en un referendo revocatorio que
deberí convocarse para algún momento del 2008.
Sobre todo ahora que a decidido convertirse en títere, no solo de
Fidel Castro, sino de otro octogenario vetusto y vesánico como el jefe
guerrillero que tiene 700 seres humanos en cautiverio y no accede a
darles libertad sino a cambio de un rescate en dinero o ventajas
políticas.
Un caudillejo que pacto, además, con el narcotráfico para darle
protección y contribuir a despeñar al país de Ricáuter y
Santander por el terror de 3 años de guerra que buscó desarticularlo
y hacerlo desaparecer.
El jefe de la organización guerrillera de la cual dice Chávez que
"no es terrorista y se le debe dar el status de beligerancia", seguro
que en la vía de reconocerla como gobierno colombiano en exilio e ir a
una provocación cuyas características, naturaleza y fin es mejor no
comentar porque terminará igual que el "canje humanitario" y la
"Operación Emmanuel.
Marulanda y Chávez se reinventan
Manuel Malaver - La Razón