Juan Carlos Pinto Quintanilla
"Los dÃas de Santiago" es el tÃtulo de una pelÃcula peruana, ganadora
de 35 premios internacionales, que narra la historia cotidiana de un
oficial de la Naval, que renuncia a ese cuerpo militar, agotado por
años de persecuciones, masacres y torturas a guerrilleros y personas
acusadas de ser terroristas. Años de ser parte de este proceso, han
convertido a este ex -oficial, primero en un paria de la sociedad,
junto a muchos otros desmovilizados del ejército, que para sobrevivir
optan por el camino de la delincuencia. Santiago decide hacer un
camino distinto, asqueado de la violencia y del destrozo humano, pero
entonces, encuentra que es parte de otra guerra, o peor aún descubre
que existe otra guerra silenciosa en la vida cotidiana de los peruanos
a través de su familia, de la juventud envuelta en drogas, del sexo
sin sentido para sentirse vivos, del trastocamiento moral de la
convivencia en búsqueda de la satisfacción propia...
Él protagonista dentro la paranoia desencadenada por años de
entrenamiento, asume el combate y se prepara sin entender, hasta
desfallecer en el sinsentido y encontrar que sólo su propia muerte
tiene sentido...visión patética y resumida de muchos pedazos de realidad
nuestra, que culmina con la mirada pesimista de caminos sin salida,
como aquellas otras pelÃculas peruanas que hacen repaso a las campañas
antiterroristas, que dañaron tanto el alma de los peruanos y los
llenaron de muertos en la memoria... y aún aquella otra que se
desarrolla en un barrio popular, donde se enseñorea la miseria, de
recursos para vivir, pero sobre todo la humana, escenificada en unos
cerdos que terminan comiéndose a un niño... el fin no tiene sentido,
como la vida misma percibida desde la perspectiva de los productores...
como la vida misma que no tiene finales felices para los pobres...
El cine en este caso se convierte en la motivación para buscar
introspectivamente el sentido que cobran las sociedades
latinoamericanas y particularmente la peruana, a través de años,
décadas y siglos de enfrentamiento silencioso a veces y abierto y
desgarrador en otras...Siglos de colonialidad que han marcado
profundamente nuestras sociedades, con los rasgos de la exclusión y
del ofrecimiento perenne de la modernidad para ser parte de un mundo
que no es el nuestro sino el que está en las cabezas de los que
siempre tuvieron todo para ser dueños de nuestros paÃses, frente a
identidades marginales marcadas por el color de la piel, los rasgos
indios y la dicharanchera cultura que se alegra y baila aún en los
peores momentos, como mostrando que el dolor es relativo, el alma de
un pueblo permanente...
Ese Perú insurgente desde la insurrección de las wakas, desde la
creencia sempiterna del Incarri que transformarÃa todo en su
contrario, pero también luego desde los escritos de Arguedas y de
Mariátegui, que redescubrieron para el Perú y para América, la fuerza
revolucionaria de los indios, y la necesidad de fusionar los proyectos
revolucionarios con las raÃces que han permitido construir culturas
fundamentales como las nuestras...
Un Luis Blanco trotskista e insurreccional, estudiantes vestidos de
verde olivo, y otros intentos nacionalistas revolucionarios, no
pudieron lograr una transformación sostenible en los 60s... más aún
luego, en los 80s, emeretistas y senderistas, que desencadenaron una
guerra abierta contra el Estado peruano, lograron la adhesión de miles
de peruanos, que cansados de la podredumbre, asumieron la violencia
como necesaria para crear un mundo distinto. .. no eran ni maoÃstas ni
guevaristas, las masas insurrectas solamente pueblo que camina su
bronca de todos los dÃas, por eso no pudieron lograr una victoria las
autoproclamadas vanguardias, porque llevaron una lógica de guerra de
mandos, a un pueblo que demandaba ser protagonista polÃtico de la
transformación posible...
Los que si supieron como actuar, fueron quienes desde el terrorismo de
Estado, sembraron muerte, desaparición y tortura entre no sólo quienes
se alzaron en armas, sino el conjunto de la población, aquellos que
demandaban mejores condiciones de vida y los que ignorando el sentido
de la violencia, sólo atinaron a introyectar en ellos mismos la
frustración y el sinsentido, de una guerra en la que ambiguamente
ellos eran parte y también ajenos...
Entonces, lo que siguió a la derrota parcial de los grupos
insurrectos, fue la generalización de la cultura del miedo y de la
muerte, el sinsentido de seguir viviendo, con la desconfianza de los
cercanos, de los que siguieron proclamando un mundo diferente... la
izquierda fue cercada en la soledad, es decir aquel que quedó y que no
sucumbió ante la tentación del poder al que rápidamente varios optaron
por subirse por seguridad propia...y los dictadores demócratas, los
Fujimori, los GarcÃa, los que masacraron, los que desfalcaron al
Estado, los que lo hicieron todavÃa más dependiente, se enseñorearon
como salvadores de una violencia que ellos mismos habÃan creado... y
fueron reelegidos por un pueblo asustado y cada vez más hambriento...
Sigue su camino la insurrección silenciosa de los que no tienen nada
que perder, pero también el sistema no deja de reinventar caminos para
que la violencia polÃtica se vuelva contra ellos mismos en lo que son
más vulnerables, lo cotidiano... soldados desplazados convertidos en
traumas urbanos de la guerra como en la pelÃcula, presos polÃticos
amenazados con la pena de muerte urgida de aplicar por el actual
gobierno, mayor inseguridad ciudadana, mayor miseria y delincuencia...
pero también mayor violencia familiar, prostitución y un creciente
quiebre moral alentado por la miseria todos tienen un canal y una
crónica roja que los muestra ante los demás peruanos y el mundo, como
dispuestos a perder su dignidad para seguir viviendo...
Todo ocurre entre los pobres como en un gran escenario donde las
historias, que son de todos, se repiten una y otra vez para generar
como mensaje el que los que siempre son poco son cada vez nada, y la
nada no hace cambios sólo puede aspirar a votar por los que son
alguien y que siempre gobernaron al paÃs, aunque lo hieran, le roben,
lo masacren, siguen siendo ellos los dueños del poder... Como ven esta
historia como toda historia de pobre, no tiene final feliz, sino una
continuidad en el sufrimiento, aunque lo que no puede ser leÃdo por
quienes siempre estuvieron arriba, es que la bronca y el dolor sigue
creciendo, que la insurrección silenciosa continua, en el Perú y en
toda América Latina... porque la historia no deja de transcurrir como
una pelÃcula sin libreto, pero con actores cada vez más dispuestos a
hacerse cargo del futuro...