Cuanto más empeora la situación en Iraq, más se privatiza la guerra y más beneficios rinde
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Cuanto más empeora la situación en Iraq, más se privatiza la guerra y más beneficios rinde         

Group: free.it.filosofia.zen · Group Profile
Author: ihwh_ihwh
Date: Apr 25, 2007 05:32

Naomi Klein y la privatización del Estado

Naomi Klein
Democracy Now

Traducido por S. Seguí

Resumen de una reciente intervención de Naomi Klein -presentada por
Amy Goodman, de Democracy Now- con ocasión de la presentación en Nueva
York del primer libro de Jeremy Scahill, "Blackwater: The Rise of the
World's Most Powerful Mercenary Army". (Blackwater: el auge del más
poderoso ejército mercenario del mundo).

En 2004 Naomi Klein viajó a Iraq y poco después publicó en Harper's
Magazine un artículo titulado "Baghdad Year Zero" (Bagdad, año cero)
en el que exponía en detalle la privatización de la economía de Iraq,
estatalizada en su mayor parte. Desde entonces ha seguido estudiando
este asunto y el próximo otoño tiene prevista la publicación de su
nuevo libro "The Shock Doctrine: The Rise of Disaster Capitalism" (La
doctrina del choque: el auge del capitalismo del desastre).

______________________________________________________________________________________

AMY GOODMAN: Seguimos examinando la cuestión de Iraq y de la ocupación
de ese país por EE UU, y contamos ahora con la presencia de la
prestigiosa escritora y periodista Naomi Klein. Escribe regularmente
para The Nation y The Guardian y es la autora del gran éxito de ventas
No Logo (1) y, más recientemente, de Fences and Windows (2). Ha venido
a Nueva York para contribuir al lanzamiento del libro de Jeremy
Scahill sobre [la compañía] Blackwater e interviene ahora ante la
Ethical Culture Society en relación con la privatización de las
fuerzas armadas y el Estado, colocando el fenómeno en su contexto
histórico.

NAOMI KLEIN: Esta tendencia a privatizar todos los aspectos del
Estado, del Gobierno, es una campaña que se inicia hace unos 35 años.
Muchas personas, muchos historiadores sitúan sus comienzos en 1973,
con ocasión del golpe de estado en Chile, lo que es interesante en
términos de la investigación que realiza Jeremy, porque éste habla de
cómo en estos momentos Blackwater está contratando chilenos para
enviarlos a Iraq, así que voy a dejar que hable él luego de este
aspecto. Pero el primer ejemplo del intento de construir una utopía
corporativa enteramente privatizada fue en Chile en 1973 después del
golpe de Pinochet, cuando entró en colaboración con un equipo de
economistas de la Universidad de Chicago deseosos de llevar a cabo su
experimento.

Se trata de un proyecto colonial de una clase distinta. En América
Latina, este proyecto, a menudo calificado de neoliberalismo, se
conoce como neocolonialismo. La primera etapa del colonialismo fue la
apertura de las venas de América Latina, en palabras de Eduardo
Galeano: el pillaje de materias primas, la exportación de recursos
brutos. La segunda etapa del colonialismo -aunque por supuesto la
primera nunca desapareció completamente- fue el pillaje del Estado.
Todo lo construido a partir de la Gran Depresión y durante los años de
gran crecimiento económico de la posguerra -sistemas de seguridad
social y de educación, carreteras, ferrocarriles- es realmente lo que
se liquidó en Chile con ayuda de los Chicago boys: el saqueo, a cielo
abierto, del Estado mismo.

Tengo una imagen de este proyecto corporativo, este proyecto de
privatización, en la que imagino el Estado como una especie de pulpo
dotado de todos esos tentáculos. Y durante los últimos 30 años - aquí
en Estados Unidos sin duda desde Reagan-, lo que la campaña de
privatización ha hecho es arrancar los miembros del Estado: el sistema
telefónico, las carreteras, etcétera, es decir esos tipos de servicios
no esenciales, por decirlo así. Y una vez que has arrancado todos los
tentáculos lo que te queda es el centro, lo que llaman el núcleo
central.

Y lo que el gobierno Bush ha estado haciendo realmente es liquidar
este núcleo central, privatizar estos servicios gubernamentales
esenciales que son parte inherente a lo que nosotros concebimos como
Estado, y que parece imposible imaginar que pudieran ser privatizados,
como el Gobierno mismo, como los cheques de la seguridad social, como
las prisiones, como el ejército, etc., y es aquí donde hay que ubicar
a Blackwater.

Lo más extraordinario que ha sucedido en Iraq -y Amy ha mencionado mi
artículo "Bagdad, año cero"- es que se han dado todas estas capas de
colonialismo y neocolonialismo, este empeño de privatización, lo que
ha provocado una especie de perfecta tormenta en ese país. Por una
parte, tenemos una especie de pillaje colonial a la antigua usanza;
como si hubieran lanzado la consigna: ¡a por el petróleo!. Y como
muchos de ustedes saben, en Iraq se ha introducido una nueva
legislación en materia de petróleo que ha sido aprobada por el
Gobierno, pero que todavía no lo ha sido por el Parlamento. Pero,
realmente, es una legislación que legaliza el pillaje. Legaliza el
pillaje, legaliza la exportación del 100%% de los beneficios de la
industria petrolera iraquí. Se trata, precisamente, de las condiciones
que dieron pie a la ola de nacionalismo árabe y la exigencia de
disponer de los recursos petroleros, desde los años 1950 hasta los 70.
Así que se trata ahora de desandar ese proceso y proceder al pillaje
de los recursos, según el colonialismo de la vieja escuela.

Y por encima de esto, tenemos una especie de colonialismo 2.1, que es
el ámbito que estuve investigando durante mi estancia en Iraq, que
consiste en el saqueo del Estado iraquí y de todo lo construido bajo
las banderas del nacionalismo árabe: la industria, las fábricas. El
tipo de privatización acelerada, de terapia de choque, de saqueo a
cielo abierto que vimos en la ex Unión Soviética en la década de 1990
era la idea que formaba el Plan A para Iraq. Es decir, se pensaba que
los Estados Unidos simplemente llegarían allí con los hombres de
Blackwater protegiendo a Paul Bremer y procederían a liquidar todas
las industrias de Iraq. Es decir, un colonialismo de la vieja escuela
que luego daría paso a la nueva escuela.

Así que luego llegó la privatización postmoderna, basada en la idea de
que el ejército de los Estados Unidos iba a la guerra a saquearse a sí
mismo, lo que constituye una innovación de tipo postmoderno, ¿no es
cierto? Hace menos de una década, Thomas Friedman nos contaba que
nunca dos países que en los que hubiera hamburgueserías McDonald's
habían entrado en guerra. Ahora, nosotros vamos a la guerra llevando
detrás de nosotros la recua de los McDonald's, Taco Bell, Burger King,
etc. Así pues, el proceso de hacer la guerra constituye una forma de
autopillaje. No solamente se está saqueando Irán, sino que las arcas
de este Gobierno de los Estados Unidos están siendo también
esquilmadas. De modo que tenemos estos tres elementos, que convergen
en una perfecta tormenta sobre este país.

Y una de las cosas más importantes que los progresistas deben
cuestionar es el discurso de que todo en Iraq es un desastre. Creo que
tenemos que comenzar a preguntar, con insistencia, para quién es un
desastre, porque no todo el mundo pierde. Es sin duda un desastre para
el pueblo iraquí, es sin duda un desastre para los contribuyentes
estadounidenses. Pero lo que hemos visto -y esto está meridianamente
claro si nos atenemos a las cifras- es que cuanto más empeora la
situación en Iraq, más privatizada y provechosa se convierte esta
guerra para empresas como Lockheed Martin, Bechtel y sin duda
Blackwater. Hay una deriva persistente en Iraq: cuántos más países
abandonan la guerra, más contratistas entran en juego; se trata de un
aspecto muy bien documentado por Jeremy y del que nos hablará.

El peligro... Estas son las apuestas que considero que tenemos que
comprender. Y voy a intentar ser breve, de manera que podamos tener un
debate provechoso después. ¿Qué es lo que está en juego aquí? Las
apuestas no pueden ser más altas. Lo que estamos perdiendo es el
incentivo, el incentivo económico, para la paz, el incentivo económico
para la estabilidad. Cuando se es capaz de crear una economía tan
exuberante en torno a la guerra y el desastre, en torno a la
destrucción y la reconstrucción, una y otra y otra vez, ¿que incentivo
hay para la paz?

Hay una frase pronunciada en la conferencia de Davos de este año. Cada
año, sin falta, hay una Gran Idea que emerge de la Cumbre Económica
Mundial de Davos. Este año, la Gran Idea fue el dilema de Davos. ¿Que
en qué consiste el dilema de Davos? Se trata de lo siguiente: durante
decenios ha formado parte de la sabiduría convencional la idea de que
el caos generalizado era una rémora para la economía mundial, de que
podía darse un choque económico puntual, una crisis o una guerra que
podían aprovecharse para incrementar la privatización, pero que en
conjunto -y ésta era la tesis de Thomas Friedman- es preciso contar
con cierta estabilidad para conseguir un crecimiento económico
estable. El dilema de Davos es que esto ya no es cierto. Podemos estar
ante un desorden generalizado, podemos tener guerras en Iraq,
Afganistán, amenazas de guerra nuclear con Irán, una ocupación israelí
cada vez más dura, un incremento de la violencia contra los
palestinos, podemos tener terrorismo ante el calentamiento global,
podemos tener unas repercusiones cada vez mayores de las guerras para
conseguir recursos, podemos tener unos precios energéticos cada vez
más altos, pero -y ahí está la gracia- la Bolsa sigue subiendo sin
parar. De hecho, hay un índice denominado "índice armas-caviar", para
el que durante 17 años se ha estado midiendo la relación inversa
existente entre las ventas de aviones cazabombarderos y de aviones
privados de lujo. Y durante 17 años, en este índice, denominado como
he dicho "índice armas-caviar", las armas han sido los aviones
cazabombarderos y el caviar los aviones privados de lujo. Cuando las
ventas de aviones privados de lujo aumentan, las ventas de
cazabombarderos disminuyen, y viceversa. Pero, de repente, ambos
indicadores suben al unísono, lo que significa que se están vendiendo
muchas armas, el número suficiente para comprar muchísimo caviar. Y
Blackwater está, por supuesto, en el centro de esta economía.

La única manera de combatir una economía que ha eliminado el incentivo
de paz es, por supuesto, retirarle las oportunidades de crecimiento.
Estas oportunidades de crecimiento son la actual inestabilidad
climatológica y la actual inestabilidad geopolítica. Sus amenazas: lo
único que puede amenazar esta economía es una paz y estabilidad
geopolítica y climática, de manera que creo que las cosas están claras
para nosotros a la hora de combatir a los que se aprovechan de la
guerra.

* * *

(1) No logo: el poder de las marcas, Paidós Ibérica (2002)

(2) Vallas y ventanas: despachos desde las trincheras del debate sobre
la globalización, Paidós Ibérica (2002)

Barreres i finestres: notes des-de la trinxera contra la
globalització, Empuries (2003)

Fuente: http://www.democracynow.org/article.pl?sid=07/04/02/1345218&tid=25

S. Seguí es miembro de Cubadebate y Rebelión.
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