Author: gsmigagsmiga Date: Jun 5, 2008 05:08
Nadie sabÃa el porqué, y nadie se habÃa preocupado de investigarlo. Todo el
mundo daba como cosa aceptada algo manifiestamente inusual. El caso es que
habÃa gente que al principio se sorprendÃa, incluso se indignaba, para, con
el paso del tiempo irse amoldando a la general indiferencia que daba como
presupuesto irrebatible algo extrañÃsimo.
Lo cierto es que don Orencio-nadie sabÃa sus apellidos-sin ocupación conocida,
del que se ignoraban absolutamente sus medios de vida, con nulas influen
cias en los ámbitos selectos de la sociedad capitalina, entraba, gratuita
mente-o por la jeta-en todo evento, espectáculo, jolgorio, cuchipanda y sarao,
sin que nadie pusiese la menor objeción, y ni siquiera se preguntase qué tÃtu
lo o condición le permitÃan lo que estaba verdado al común de los mortales.
En tal circunstancia, y durante el perÃodo de las fiestas patronales de la lo
calidad, sucedió un hecho digno de mención, en el que don Orencio dió la medi
da exacta de su "savoir faire" y fué causa de innumerables comentarios admira
tivos de todos cuantos tuvieron noticia fidedigna del suceso.
Ocurrió que el inolvidable Antonio MachÃn, con su cohorte de mulatonas en sa-
zón, fué contratado por la ExcelentÃsima Corporación Municipal para siete dÃas
de actuación en los Jardines del PosÃo. Excusado es decir que la gente se dis
putaba las localidades disponibles para semejante espectáculo, inédito hasta
la fecha en la ciudad, y que despertaba las ansias, no por ocultas menos eviden ...
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