Author: SuzudoSuzudo Date: Jul 31, 2008 18:28
LA FUERZA INVISIBLE.
Una mañana del verano de 1973, me hallaba en el departamento de
electrónica de un centro de investigación nuclear, cuando se escuchó la
estridente señal de alarma de uno de los radiómetros instalados en los
cubículos de las áreas restringidas de Radioquímica y Física Radiactiva.
La primera impresión entre los electrónicos, después de varios años en
el centro sin que ocurriera nada peligroso, fue pensar que uno de los
geiger Muller se había estropeado y estaba dando una falsa información:
pulsos eléctricos que el aparato de control detectaba como radioactividad.
Resultó alarmante ver por vez primera a mis compañeros de control
radiológico, del Departamento de Dosimetría, pasar ante nosotros,
embutidos en sus trajes blancos con interior de plomo y parafina, como
si de cosmonautas se trataran. Pese a la inquietud de sus rostros y la
urgencia de la situación, el lastre que representaba los alrededor de 30
kilos que implicaba la tecnología de aquella época, no les permitía ir
más rápido. En sus manos llevaban el radiómetro portátil previsto para
usar en estos casos, capaz de medir radiaciones alfa, beta y gamma, con
sus distintos cabezales.
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