Author: SuzudoSuzudo Date: Aug 1, 2008 18:06
Cuando estudiaba matemáticas, durante mis primeros años en la
universidad, nunca habrÃa soñado en asociar la palabra «problema» con la
palabra Evolución. Mis libros de cabecera eran los de Teilhard de
Chardin; durante tres años participé en excavaciones en el yacimiento
fosilÃfero de Carnay, cerca de Reims, donde hallamos, en terrenos del
Secundario, esqueletos completos de un raro reptil, el Simeodosaurio.
Debido a que este animal del pasado ya no existÃa en la actualidad, esto
constituÃa la prueba, o al menos esto creÃa yo entonces, que los seres
vivos cambiaban de forma con el tiempo. Fue en 1976, después de mis
estudios de filosofÃa, que vi casualmente en el escaparate de un librero
de lance un viejo libro con un tÃtulo provocativo: L'Evolution
régressive [La Evolución regresiva]. Fue entonces que comencé a
reflexionar, es decir, a dudar. La ciencia, dice Aristóteles, comienza
con el asombro; la filosofÃa, por su parte, comienza con la duda. Se
planteaba allà una cuestión muy sencilla. La evolución factual, la
evolución constatada, es una evolución neutra o regresiva. Hace variar
ciertos caracteres como el color o el tamaño; quizá da un órgano
suplementario: pero jamás ha producido un órgano nuevo. En contraste,
aquello que designamos más frecuentemente como «Evolución», con una «E»
mayúscula, es una modificación que hace aparecer rasgos novedosos, como ...
|